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martes, 24 de septiembre de 2013

Todo por el Arte.




Fui testigo de primera mano del inicio del Festival de Artes Armenia en el año 99 cuando, con Leo Echeverry su director, apoyamos las comunicaciones del evento; sé del esfuerzo que requiere la organización de un festival de este nivel, coordinación de traslados nacionales e internacionales, hospedaje y alimentación para grupos numerosos, largas horas de trabajo y trasnochos, acompañados de mucha promoción, todo esto precedido de un desgastante ‘lobby’ a la política cultural, que no siempre es culta, y del desdén con el que miran estas gestiones algunos, no todos, dirigentes en la región.

Aplaudo de pie, la decisión de Teatro Azul de poner en escena el Festival, después de tres años de ausencia; eso demuestra el compromiso con la cultura que tienen el director y su equipo, pero a la vez deploro, con pitos y tomates, la desabrida función de la dirigencia política regional, que pasó de agache, dejando casi todo el esfuerzo financiero de un proceso tan complejo y costoso como la organización del Festival, en manos de los mecenas; Teatro Azul es sala concertada del Ministerio de Cultura; eso, además de ser un sello de calidad, es un paliativo para las finanzas, pero es claro que con esos recursos no se alcanza a pagar ni uno de los grupos o artistas invitados.

El Festival es un regalo para todos porque, con el arte gana la gente, con la cultura crece el alma, con el teatro se refresca el espíritu, dando un respiro al vertiginoso ritmo digital a través de lo análogo, representado en el cuerpo presente, en la relación artista-público y en la convivencia en un mismo espacio.

Aquí se aplica, con precisión absoluta, la máxima popular ‘Todo por el arte’; espero que la ciudadanía sepa apreciar la oportunidad y valorar el esfuerzo realizado por los gestores culturales.

Zapping: Dando un salto de lo análogo a lo digital, es de resaltar una iniciativa del Festival de Cine Creative Commons de Barranquilla, que aunque suene distante, no lo está, pues han decidido hacer un experimento de creación colectiva, convocando a los guionistas y realizadores de todo el mundo -y ahí cabe el Quindío- para que bajen y modifiquen historias escritas por guionistas nacionales y extranjeros; la idea es tener diferentes interpretaciones y versiones del guion, en piezas audiovisuales que, igualmente, contarán con licencia libre.

Otra forma de demostrar que el arte y “lo creativo, si es compartido es más divertido”, como ellos mismos lo dicen.

jueves, 14 de marzo de 2013

LOS NOTICIEROS Y EL PODER

Se está iniciando un nuevo proceso electoral que nos llevará a elecciones al Congreso de la República y, con él, los preparativos para el ‘cubrimiento’ televisivo que garantizará la difusión informativa a los espectadores, el mismo que, como muchas veces sucede, podría resultar direccionado a favor de alguno o algunos candidatos.

Piscitelle afirma que “durante varias décadas nuestra realidad fue co-construida por la televisión” y esa co-construcción, si bien ha perdido protagonismo ante el reinado de los medios digitales, no ha desaparecido, menos  aún en las pequeñas comunidades, en donde todos se conocen con todos y, la gracia de verse en la pantalla, llama tanto la atención que garantiza la audiencia.

Algunos ‘mercaderes’ audiovisuales de varios medios de la región han sostenido ‘la caña’ de un noticiero de televisión solamente por los dividendos políticos que ello representa; producir un noticiero serio y bien estructurado, implica una logística compleja en disponibilidad de equipos y personal permanente, además de un grupo de periodistas calificado y dedicado, pero muchos lo toman a la ligera y lo resuelven con camarógrafos-reporteros-presentadores, todo en uno, lo que en otras narrativas audiovisuales, más adecuadas para este tipo de prácticas, se conocería como videógrafos; esto, con el fin de aligerar los altos costos que implica hacer informativos audiovisuales, lo que por supuesto, redunda en la calidad del producto pero, sobre todo, en la excelencia y rigor informativo.

Un noticiero es considerado la columna vertebral de un canal generalista; sobre él recae en muchas oportunidades la responsabilidad del retorno de la inversión del negocio televisivo pero, más que eso, el prestigio de la empresa audiovisual y la oportunidad de mantener a todos los actores de la esfera pública ‘engrasados’; es así como las grandes cadenas televisivas montan servicios informativos de tres y hasta más emisiones al día, lo que supone altas inversiones en producción. Para los pequeños canales resulta un reto político sostener noticieros que no terminen siendo serviles de los actores políticos, lo que solo se logra cuando esos mismos canales asumen la producción propia de las piezas informativas; sin embargo, bajo la figura únicamente existente en nuestro país, de la producción mixta, muchos de los espacios periodísticos terminan en manos de terceros, esos a los que he denominado ‘mercaderes’,  quienes no tienen mayor interés que el de dar pantalla a sus amigos, o no amigos, valiéndose de lo que Jorge Acevedo explica cuando afirma que “La propia narrativa periodística es una estrategia discursiva de jerarquización, de selección de unos temas o hechos con relación a un conjunto mucho mayor”; es decir, la opción subjetiva de lo que se va a contar, porque así es la polítiquería, interesada e inescrupulosa, para posteriormente pasar factura de contratos y favores.

Esperemos que en la licitación que está por terminar, para acceder a los noticieros del canal regional, se barajen nuevas opciones y, otros productores, se animen a presentar propuestas que cambien la cara y la dinámica de la información regional y NO que queden los mismos con las mismas o, lo que sería peor, los mismos con más.

martes, 12 de febrero de 2013

TV REGIONAL PARA EL DIRIGENTE Y NO PARA EL TELEVIDENTE


Por: Jorge Eduardo Urrea G

La batalla para conseguir la aprobación de la televisión regional comenzó desde finales de los años setenta, cuando un grupo de voces reclamaba visibilidad de la región ante la displicente y centralizada televisión nacional, que sólo miraba a la provincia cuando había hechos catastróficos por reseñar;  sin embargo, por un lado la presión de los políticos que temían que esto afectara el control del medio de comunicación y, por otro, el de la naciente industria que sufría por la posibilidad de tener que compartir la torta publicitaria, retrasaron hasta 1984 el nacimiento de los canales regionales, tal como lo reseña la experta en televisión Ana Patricia García en su articulo “Televisión en Colombia: Surgimiento de los Canales Regionales”;  pero, a partir de ese momento, se comenzó a establecer un sistema de televisión que ha tenido hasta ahora un crecimiento significativo en términos de oferta de programación y de capacidad de producción, un sistema que ha sido poco valorado por los usuarios de las capitales y muy significativo para los televidentes de las zonas rurales.

Históricamente, el Estudio General de Medios  (EGM) ha demostrado que los canales regionales son la tercera opción en las preferencias televisivas de los Colombianos; esto se explica por ser Colombia un país de regiones donde los ciudadanos buscan encontrarse en la pantalla identificar su cultura, espacios, costumbres, celebraciones y  personajes.. La televisión regional, tal y como la proyectaban sus impulsores, debería ser la ventana para la actividad cultural, el deporte y la identidad; sin embargo,  no se ha podido librar de las mañas politiqueras que mueven al país  y así, las plazas de los municipios se están cambiando por recintos de discusión de concejos y asambleas, los personajes del pueblo, por alcaldes y gobernadores y las transmisiones de eventos deportivos, por ceremonias de inauguración de obras públicas; los intereses particulares de los gobernantes de turno, que a su vez son los principales miembros de las juntas directivas, son los que se imponen ante las decisiones técnicas que deberían primar en las propuestas de programación que, hoy por hoy,  habida cuenta de la soberbia mezquina de los dirigentes políticos, presenta un retroceso vergonzoso, incluso en los más importantes canales regionales que se destacaron por mucho tiempo, por programar con criterios serios y de identidad regional, pensando en el televidente y no en el dirigente.

La Ley 1507 de 2011 eliminó la participación del ente regulador, Autoridad Nacional de Televisión (ANTV),  de las juntas directivas de los canales regionales; de esta manera, sólo queda el Ministerio TIC para ponerle freno a los desmanes que, por lo demás, no son discutidos en los espacios colegiados de los regionales. Sólo cuando los representantes legales de los canales sean elegidos  con criterios técnicos y no políticos, y en las juntas estén sentados profesionales de la imagen en movimiento, sin intereses distintos a los de los ciudadanos-televidentes, se podrá garantizar que la tele regional sea realmente lo que los impulsores de la década de los setenta pretendían: un espacio para visibilizar la identidad cultural de las regiones.